Inteligencia Emocional: un aliado para el éxito financiero
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La inteligencia emocional proporciona habilidades para reconocer, comprender y gestionar las emociones. Lo que tradicionalmente se asocia con las interacciones personales o profesionales extiende su influencia al otro lado de esto, llegando hasta el mundo de las finanzas.
En una era en la que la planificación financiera es un hábito poco común, muchas personas gastan su dinero sin objetivos claros y predefinidos, lo que acaba siendo un factor de vulnerabilidad, que se agrava en contextos de crisis económica. En este campo, la inteligencia emocional emerge como una herramienta esencial para desarrollar una economía saludable y próspera. Las personas expertas en la materia revelan que las emociones pueden minar la estabilidad financiera a nivel individual, familiar y empresarial, lo que dificulta una relación positiva con el dinero.
El prestigioso psicólogo y escritor estadounidense Daniel Goleman definió la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las emociones, creando motivación interna y gestionando las relaciones interpersonales. Pero ¿de qué forma se relaciona esto con las finanzas personales?
Valeria Laconich, experta en inteligencia emocional financiera, argumenta que «desarrollar la inteligencia emocional financiera es un elemento llave para identificar las emociones en relación con el dinero y con la gestión de las finanzas». La fusión entre el conocimiento propio, el reconocimiento de las emociones, los talentos, los miedos y los propósitos es fundamental para mantener una relación saludable con el dinero. Las finanzas requieren de generación y gestión para transformarse en un recurso que permita desarrollar el estilo de vida que cada persona escoge, en armonía con su verdadera esencia. El objetivo es acercar las expectativas a la realidad de la vida cotidiana.
Es necesario advertir sobre las consecuencias de tomar decisiones financieras impulsadas por las emociones, con la amenaza de que las segundas distorsionen las primeras. El miedo injustificado a lo desconocido conduce a decisiones financieras condicionadas, lo que, a largo plazo puede provocar pérdidas innecesarias. Por el contrario, la adrenalina del riesgo financiero convierte a algunas personas en adictas, lo que da como resultado la toma de decisiones impulsivas y la deriva en pérdidas financieras que pueden llegar a ser importantes.
Ahorrar, vivir y gestionar dentro de los medios disponibles son herramientas fundamentales para alcanzar la libertad financiera. Por el contrario, comprar de manera superflua y endeudarse para obtener lujos inalcanzables es sinónimo de incurrir en riesgos financieros a largo plazo. La arrogancia y el orgullo no funcionan como mecanismos acomodados de gestión y suelen conducir a la trampa de los costes hundidos.
Desarrollar la inteligencia emocional financiera permite reducir la brecha entre las expectativas y la realidad. La conexión de las emociones y el desarrollo de una relación saludable con el dinero permiten superar obstáculos y hacer que las personas salgan de su zona de confort para alcanzar las metas financieras que se propongan. Las herramientas que proporciona la formación en inteligencia emocional financiera guían las actuaciones hacia un plan integral que contribuye a gestionar las finanzas en consonancia con los objetivos y obtener resultados mejores.
María Cadaval
Director del Curso de Experto/a
en Inteligencia Emocional y
Bienestar Organizacional, USC.