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Mucho se ha hablado a lo largo de la historia de la necesidad de gestionar nuestro tiempo. Por un lado, para mejorar nuestra productividad en el entorno laboral y, por otro lado, para conciliar y tener tiempo de calidad disponible para otras áreas vitales.
Puede parecer una utopía ya que, en la actualidad, la sensación de «falta de tiempo» y las prisas siguen siendo factores que generan altos niveles de estrés en un porcentaje alto de la sociedad, lo cual tiene una influencia directa en la salud física, emocional y mental. Este objetivo puede representar un mito inalcanzable, si no se dispone de los recursos precisos. La clave está en priorizar, focalizar, clasificar, acotar, organizar o poner límites, entendidas como algunas de las opciones para gestionar un recurso que, efectivamente, es limitado. Un proceso que, por increíble que nos parezca, parte del autoconocimiento, del desarrollo de habilidades directivas y de rutinas saludables, que respeten el descanso y se adapten las necesidades personales de cada individuo.


